El Roble y el Bambú | RicardoLatoucheTarot

El Roble y el BambúEl Roble y el Bambú | RicardoLatoucheTarot
El Roble y el Bambú
Cierto día, estaba en el bosque un joven, que golpeaba un árbol, con furia e insistencia. Golpe tras golpe, la ira del joven se desvanecía, hasta que por fin, dejó de golpear al árbol. Un hombre viejo, que observaba la escena, fue donde él estaba. Se sentó, miró al joven, y le dijo:
-¡Conque eres muy duro! Tienes problemas y los resuelves golpeando un árbol.
… El joven le contestó:
-Sí, así soy, duro y fuerte.
El hombre viejo replicó:
-Prefieres golpear un árbol, descargar toda tu energía en él y abandonar tus problemas sin tratar de resolverlos. Así que eres duro y fuerte. Ven, te voy a decir algo.
El viejo llevó al joven hasta donde estaba un roble, y después lo llevó a donde estaba un bambú.
El viejo le dice:
-Obsérvalos, el roble es grande, duro, y muy fuerte, igual que tú, y el bambú es diferente, pues es muy delgado, y flexible. ¿Sabes? En tiempos de tormenta, cuando los vientos soplan muy fuerte, el único que sobrevive a tal desastre natural es el bambú, ya que el roble es muy duro para soportar la tormenta.
El bambú con su gran flexibilidad soporta toda tormenta, ya que se mueve y dobla en armonía hacia donde los vientos se dirijan. Mientras que el roble es tan, tan duro, tan estático, que en vez de doblarse, se quiebra, trata de resistir o imponerse ante la tormenta, hasta que tarde o temprano, cede. Pasada la tormenta, el único que queda de pie es el bambú delgado y flexible, listo para soportar otra tormenta.
Esta historia sencilla tiene una moraleja clara: en tiempos de dificultad, como las tormentas que debe afrontar el roble o el bambú, sólo el que es flexible, y actúa en armonía con el fluir del viento, permanece. Quienes sean como el roble: duros, rígidos, sin capacidad de moverse, son arrancados de raíz, por los fuertes vientos. Lógicamente, hay circunstancias que demandan una postura firme, sin variaciones, ser como el roble. Pero, toda la dureza del roble, ante los fuertes vientos, no sirve, le es una desventaja. Claro, el roble no puede cambiar, pero uno sí. Hay circunstancias en las que hay que captar la dirección de los “vientos”, y amoldarse a ellos. Ser flexible, entender las situaciones, y discernir los tiempos en que las cosas toman un giro. Esa es la lección del roble y el bambú.
Cuento anónimo.
Texto tomado de: “Reflexiones con Propósito”
Meditación del Roble y El Bambú

 


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